Vivir sin dinero, religión o política no es una utopía

Foto de Jill Wellington en Pixabay.   Vivir en armonía con la naturaleza es un sueño hecho realidad por muchas ecoaldeas esparcidas por el Planeta.

Despertar con los primeros rayos del sol en un ambiente donde el cuerpo, el alma y el espíritu se encuentran en plena armonía con la naturaleza es un sueño hecho realidad por pequeñas comunidades que a lo largo de los últimos 50 años se han diseminado un poco por todo el Planeta.

Son micro-oasis con una estructura social basada en un estilo de vida sostenible a través del medio ambiente. Esto parece una fantasia, poder vivir en una casa construida para sí o por una comunidad de personas que están dispuestas a hacer realidad ese sueño. Todo hecho a partir de materiales de la propia naturaleza local, como, por ejemplo arcilla, arena, madera u otros materiales, y en medio de la naturaleza, sin cargos mensuales a la banca o al Estado. Esta casa quedará enmarcada en una comunidad en la que la vida social, cultural y espiritual tienen como fuerzas motrices la cooperación, el respeto, la transparencia y el amor.

Foto de Tamera.   El proyecto Tamera está en Odemira, Portugal, desde 1995 y se define como un “centro internacional de investigación para la paz”.

El dinero, la religión, la política o el desarrollo económico salvaje no entran, ni tampoco valores como el individualismo en exceso, la violencia competitiva, el poder, el control sobre terceros o el espíritu consumista desenfrenado… Existe una economía, sí, pero basada en la solidaridad y el consumo consciente y sostenible.

Las ecoaldeas son consideradas por muchos expertos verdaderas puentes entre el pasado y el futuro, una vez que el modelo de sociedad actual es considerado como insostenible. No fue por casualidad que estos micro-oasis fueron nombrados oficialmente en 1998, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para formar parte de la lista de las 100 mejores prácticas para el desarrollo sostenible.

Foto de Tamera.     El monte Cerro, en Odemira, Sur de Portugal, tiene 134 hectares. Este es el espacio Tamera. 

Pero hay muchas ecoaldeas a nivel mundial y en Portugal no es la excepción, desde granjas o micro-aldeas con decenas o un poco más de un centenar de personas, como por ejemplo las alentejanas Tamera, la Cento e Oito, el Vale Bacinas, Casa Fluxus, Tribodar, Vanaprastha Nabais, Fortuna Verde, Quinta da Cabeça do Mato, entre muchas, muchas otras.

Tamera, en Odemira

Este proyecto nació en 1978 en Alemania, pero en 1995 se extendió a Portugal a manos de Dieter Duhm, Sabine Lichtenfels y Charly Rainer Ehrenpreis, concretamente al sur del país, en una propiedad de 134 hectáreas, el Monte Cerro de Odemira. Tamera se define como un “centro internacional de investigación para la paz”, ahora cuenta con áreas de visitantes y de educación, incluyendo campings, casas de huéspedes, salas de seminarios y un auditorio.

Las cuestiones de investigación ecológica y tecnológica de Tamera incluyen la implementación de un Paisaje de Retención de Agua – para el restablecimiento del ciclo hidrológico y de los ecosistemas – así como un modelo para la autosuficiencia regional al nivel de suministro de energía y nutrición.

Foto de Tamera.    La comunidad de Tamera asciende a unos 170 residentes que son en su mayoría alemanes.

A mediados de 2017, Tamera se componía de 170 habitantes, en su gran mayoría alemanes, un peso que también se refleja en la estructura de gobierno de esta comunidad. Esta asume que está creando su propia constitución, pero por ahora considera las siguientes directrices éticas: Verdad, Apoyo Mutuo y Participación Responsable.

“Si recorremos el camino de la cooperación con la naturaleza, un día reconoceremos que una palabra como ‘paraíso’ ya no es sólo un término religioso, sino un objetivo de vida”, dicen los fundadores de Tamera en su sitio web. Para un acercamiento a la comunidad Tameriana, sus responsables aconsejan a que se frecuente primero “La semana introductoria” [cuesta 500 euros (350 para portugueses) más 30 euros para pagar el alojamiento y las comidas (para portugueses son 20 euros y 10 euros para los niños mayores de seis años, más 30 euros para pagar alojamiento y alimentación (en el caso de portugueses son 20 euros) y 10 euros para niños mayores de seis años, los demás no pagan]. Sólo después se estudiará una posible candidatura a miembro residente y nada garantiza que la adaptación tenga éxito como demuestran algunos ex tamerianos que han decidido salir, para formar otras comunidades, por discrepar de algunas de las reglas, como el amor libre o la forma de gobierno.

Foto de Tamera.    De las ecoaldeas que existen en Portugal, el proyecto Tamera es el más grande.

De ahí surgieron la Cento e oito o el Valle Bacinas. Estas nuevas organizaciones tienen un tamaño mucho menor que Tamera, lo que rivaliza con otras que también existen en Portugal, como por ejemplo: Casa Fluxus (Castelo de Vide), Tribodar (Nisa), Vanaprastha Nabais (Alijó) o  Lights One Gathering (Valdosente), Fortuna Verde (Mondim de Bastos), Quinta da Cabeça do Mato (Tábua), Terramada (Castro Marim), Casa de Santa Isabel (Seia). Existen además varios grupos y asociaciones relacionadas con prácticas ecológicas que, sin embargo, no constituyen el carácter de una comunidad intencional establecida, como la Asociación Aldeia (Vimioso), el Colectivo Germinal (Lousã), la Colher para Semear (Leiria), la Semente de Futuro (Arouca). Estos grupos son creados y formados en su mayoría por portugueses, con números en general entre los 10 y 30 miembros. Por último, existen también espacios de carácter comunitario y con enfoque más espiritual, como el Monte mariposa (Tavira), entre otros (vea aquí varios ejemplos).

Foto de Tamera.     Las directrices éticas de Tamera son: Verdad, Apoyo Mutuo y Participación Responsable.

Ya a nivel internacional la lista es muy amplia y abarca los cinco continentes. Sin embargo, hay que destacar por su originalidad el Eco Truly Park en Perú, la Comunidader Finca Bellavista Treehouse, en Costa Rica, la Chácara Asa Branca, en Brasil, o Arcosanti, en Arizona. Ya por la dimensión damos como ejemplos a Findhorn, en el norte de Escocia – fue una de las primeras ciudades a formar, y hoy tiene cerca de 1.000 residentes es una de las más importantes, siendo un ejemplo en diversas áreas como sostenibilidad, economía local y educación holística (una semana de experiencia en Findhorn puede costar hasta 780 libras). Luego está la ciudad de Auroville, que es la comunidad más grande del mundo.

Ciudad Universal

Fue fundada dentro de los principios de yoga integral por Mirra Alfassa, en colaboración con su compañero Sri Aurobindo, para realizar un sueño: Una ciudad de unidad humana, universal donde hombres y mujeres de todos los países puedan vivir en paz y en armonía progresiva, a pesar de sus creencias, orientaciones políticas o nacionalidades. Parece fantasía, pero la ciudad Auroville es real, está cerca de Pondicherry, en el estado de Tamil Nadu, en el sur de la India. Cuenta actualmente con cerca de 4.200 residentes, originarios de 45 países (siendo cerca de un tercio indios), además de los visitantes.

Foto de Mic34 en Pixabay.    Auroville nació de un sueño: Una ciudad de unidad humana, universal donde hombres y mujeres puedan vivir en paz y en armonía, a pesar de sus creencias, políticas o nacionalidades.

Pero está preparada para recibir hasta 50 mil personas. El concepto de la ciudad Auroville comenzó a ser pensado en 1930, pero sólo en 1960 la Asociación Sri Aurobindo presentó el proyecto al Gobierno de la India que dio luz verde para que se iniciaran las obras. En 1966 recibió también la bendición de la Unesco que consideró un proyecto importante para el futuro de la humanidad. El 28 de febrero de 1968, en presencia del Presidente de la India y de representantes de 124 países, se inauguró la Ciudad del Amanecer.

Auroville fue creada por el sello del arquitecto francés Roger Anger, por invitación de Mirra Alfassa [la Madre de Auroville]. Este desarrolló la ciudad en forma de espiral, simbolizando la evolución humana, donde al centro quedó la zona de paz, el Templo de Matrimandir. Es el ex-libris de Auroville, símbolo de una nueva conciencia, una construcción en forma de gigante esfera dorada, con un majestuoso anfiteatro creado al lado de un árbol llamado Banyan, de más de 100 años y posee una copa de un diámetro aproximado de 50 metros.

Foto de Josef Fendt en Pixabay.   Auroville es real, está cerca de Pondicherry, en el estado de Tamil Nadu, en el sur de la India y cuenta actualmente con unos 4.200 residentes.

Alrededor del Templo Matrimandir, el centro de la espiral, se crearon las zonas: residencial, cultural, internacional y la zona industrial (respetuosa con el medio ambiente), quedando en el anillo exterior un cinturón verde, un área de cultivo orgánico, bosque y un área de conservación. Todo Auroville está enmarcado en 25 kilómetros cuadrados. El foco de sus habitantes está en la transformación de la conciencia a través de una vida autosustentable en armonía y respeto por la naturaleza, para que haya un desarrollo cultural, espiritual y social de todos, incluyendo las comunidades circundantes. Esta visión es dinamizada por la propietaria de la ciudad, la fundación Auroville, y por la población que elige dos veces al año representantes para los cargos del comité de trabajo y del consejo de Auroville. En esta comunidad no hay líderes políticos ni religiosos, aunque los mandamientos de la fundadora Mirra Alfassa sean admirados y seguidos por todos, ni tampoco jerarquías, pues las decisiones más importantes se toman en asamblea general, en el que cada persona representa un voto y la mayoría decide.

En cuanto al dinero hay transacciones comerciales dentro y fuera de las fronteras, como por ejemplo venta en internet de productos propios en su sitio web, aunque dentro de Aeroville se utiliza una especie de tarjeta de prepago.

Todos los miembros de la comunidad tienen derecho a una remuneración mensual mínima para hacer frente a las necesidades básicas (los precios para residentes son mucho más bajos y en, algunos casos aceptan pago por intercambio de servicios prestados) y también contribuyen al mantenimiento de infraestructuras y servicios básicos de la ciudad.

Las puertas de Auroville están abiertas para todos. Es posible pasar unos días como turista y quedarse en un hotel o en una pensión, lo que equivale a unos 17 euros al día, dependiendo del tipo de vida que elija. Pero también puede permanecer un período más largo (dos, seis meses o más meses), como recién llegado y en esos casos hay que contar también con las contribuciones mensuales, la inscripción inicial (cerca de 100 euros) y una fianza en el valor del viaje de vuelta. Sólo después de un primer experimento es posible solicitar un visado de residencia, que se examina caso por caso y la burocracia es mucho más exigente.

El sueño Auroville tiene casi medio siglo de vida y a pesar de muchos defectos, pues también los tiene, como se demuestra en los diversos reportajes encontrados en la red, las virtudes se superponen de tal manera que permiten pensar después de todo es posible vivir una sociedad diferente a la actual.

 

Refuerce su conciencia en:

10 ecoaldeas y comunidades para conocer antes de morir

Findhorn Foundation

Auroville en la India

Lista de ecoaldeas en portugal

Tamera en Odemira

Ecoaldeas Brasil

Última parada: Alentejo

Ecovilas son comunidades del futuro

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